ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN
compostela

A TERRA DAS MARIÑAS Y "LA CASA DE LA TROYA" COMO "REFUGIO"

15 de agosto de 2019

 

En honor y memoria de mi padre.

 

Más de una persona me ha preguntado qué hacía este verano, si viajaba a un destino concreto. Mi respuesta en todo caso ha sido: "Me quedo en Sada". Ese es mi destino preferido para descansar en el estío.

Así lo pensó Alejandro Pérez Lugín cuando habitó Sada - Bergondo por varias semanas en los años que antecedieron a la publicación de La Casa de la Troya (1915). Y también en los años posteriores, cuando ya siendo el renombrado autor de este fulminante bestseller (Premio Fastenrath de la Real Academia Española en 1916), era recibido con gran cariño por los habitantes das Mariñas, muchos de los cuales aparecen con nombre u apelativo tanto en esta novela como en los relatos recogidos en La Corredoira y la Rúa (1919).

Este verano de 2019 es distinto para mí.

Hace pocos meses La Voz de Galicia, periódico amigo de Lugín y del que fue un asiduo colaborador, daba cuenta del sesenta aniversario del rodaje en Santiago de la película La Casa de la Troya (1959), dirigida por Rafael Gil y aclamada por el público y la crítica. Un filme que todavía hoy los canales de televisión proyectan con asiduidad.

Sin embargo, y con permiso del lector, lo más trascendental para quien esto escribe es que el 5 de junio de este mismo año falleció mi padre, el escritor y editor Lucindo-Javier Membiela. Fue un hombre que amó Santiago de Compostela, donde estudió la carrera universitaria, si bien su vínculo con la ciudad del Apóstol ya era familiar, habiendo sido su padre el Presidente de la Tuna de la Universidad de Santiago. La novela La Casa de la Troya, emblema de Compostela, fue siempre consustancial a su hogar. Con mi padre, fundador de la Editorial Camiño do Faro, comencé el estudio de esta obra, con el objetivo de lanzar una cuidada y esmerada edición diferenciada de las ciento y muchas que la precedieron. Así, a finales de 2007 salió al mercado la edición de Lucindo-Javier Membiela, ilustrada con profusión por la notable dibujante Cristina Figueroa, y con un diseño basado en el original de 1915, que destaca en su cubierta por la presentación del Pórtico de la Gloria. Con posterioridad, otras tres ediciones han arribado al público, una en inglés (The House of Troy, 2013 - Traducción de Mrs. Emmons Crocker), otra en francés (La Maison de la Rue de Troie, 2017 - Traducción de Michel Mouret) y la Edición Centenario (1915-2015) en formato pocket.

Siguiendo con el relato, pocos días después del apuntado fallecimiento de mi padre, los medios de comunicación daban cuenta de la muerte del actor Arturo Fernández, arduo conocido por el público español y que protagonizó la antedicha película La Casa de la Troya de 1959. Por varios días numerosísimos artículos recordaron aquel su famoso papel como Gerardo Roquer en una de sus más relevantes interpretaciones en el cine.

Volviendo al motivo de Sada y a la Tierra de las Mariñas deseo en este momento recordar la palabra con la que alguien entre los muchos amantes de esta obra, resumió, tras un momento de silencio, lo que para él significaba La Casa de la Troya:

"Refugio".

Creo con firmeza que los escenarios donde se desarrolla la novela de Alejandro Pérez Lugín —principalmente Compostela y As Mariñas— han sido cardinales en su éxito.

Ya sea el resguardo bajo los enmusgados soportales de la Rúa del Villar; el cobijo en un animado Café del Siglo atestado de estudiantes en el comienzo del curso escolar; la amistad fraterna de los pupilos de la pensión de Doña Generosa Carollo en la acogedora Rúa de la Troya; el florecido claustro de Fonseca; el cintileo del agua que mana de la fuente del Toral; la piedra eterna de la Catedral; o el retiro en el siempre amable convento de la Enseñanza (hoy colegio de la Compañía de María) donde se esconderá la bienamada Carmiña.

Ya sea el caminar sereno por los senderos y las corredoiras del frondoso valle de Tatín; la introspección con la contemplación de la ría de Betanzos-Sada —mejor que los lagos suizos en palabras de Don Laureano de Castro—; el sonido místico de la campana de la igresiña de Morujo llamando al Ángelus; el olor a tierra fecunda; las veladas aldeanas de entroido al amor de la lumbre degustando filloas, castañas y nueces; "el jilguero cantando en el castaño vecino"; el "dulce murmullo de las olas en la riente playa de Gandarío"; o el disfrute epicúreo de unas sardinas de Sada con cachelos.

"Refugio".

Eso fue y sigue siendo Santiago de Compostela y A Terra das Mariñas. Quizás algo y algo-mucho puede haber cambiado. La sociedad ha cambiado, el urbanismo ha mutado y casi siempre no para bien, y valores esenciales del hombre y la moral se han adormecido. Pero yo, que transito Compostela y vivo también la comarca de Sada-Bergondo, afirmo que continúa siendo un "Refugio", un refugio en el que el hombre se encuentra a sí mismo, en el que percibe la belleza de la naturaleza, de la tranquilidad, de la fraternidad con el otro. Pruebe si no el lector a acomodarse en una mesa de la Plaza de Fonseca en Santiago y degustar sin prisa una copa de Ribeiro, en cercanía de otros peregrinos, turistas y parroquianos que hacen lo mismo o vagan anonadados de tanta hermosura. Pruebe si no el lector a sentarse en el benéfico poyo de piedra del atrio de la iglesia de Ouces-Tatín, na Terra das Mariñas, y deje pasar el tiempo reflexionando en un entorno de paz.

El hábitat de La Casa de la Troya es "refugio". Refugio ante los avatares personales y sociales, refugio ante el mal que puede haber en el mundo. Y hoy refugio amigo ante lo que para mí ha sido la irremplazable pérdida de mi padre Lucindo-Javier Membiela, gran promotor de esta obra.

Jesucristo lo tenga consigo.

 

Matías Membiela-Pollán  

 

Edición de "La Casa de la Troya", Lucindo-Javier Membiela - Camiño do Faro, 2007.

Diversos relatos recogidos en "La Corrredoira y la Rúa" (1919) se ambientan es As Mariñas y fueron escritos con anterioridad al año de lanzamiento de "La Casa de la Troya" en 1915.

Panorámica de la villa de Sada, muy similar a cómo la conoció Alejandro Pérez Lugín.

"Las Brañas de Sada", por Francisco LLorens. Museo Provincial de Betanzos.

 

Patio y huerta del Convento de la Enseñanza - Colegio Compañía de María de Santiago (Virxe da Cerca, Santiago de Compostela), donde se resguarda Carmiña Castro Retén.

Indicaciones al Pazo do Curro, que habitó la poetisa Filomena Dato Muruais, a quien Pérez Lugín visitaba durante su estancia en As Mariñas. Muy cerca, la iglesia de Moruxo, también recogida en "La Casa de la Troya".

 

Paisaje rural de As Mariñas con vista a la ría de Sada en dirección a Betanzos.

Carretera secundaria en las cercanías de Ouces - Tatín.

 

Casa de A Lagoa, frente a la playa de Gandarío, en la que se hospedó Lugín y donde escribió parte de su obra más emblemática.  

Placa conmemorativa en la casa de A Lagoa.

Casa real de Antonia Villar López "La Tona", hoy propiedad de su sobrina Ana Mosquera, residente en Nueva York. Allí también se hospedó Don Alejandro, siendo un emplazamiento real que el escritor trasladó a la ficción en su novela.

Plaza de la Quintana y convento de San Martín Pinario. Siempre belleza y evocación, a pesar, como dice nuestro autor, de la humedad, el verdín, la lluvia y las piedras negruzcas.

Plaza de Fonseca, a la vera del pazo del mismo nombre y de la Catedral de Santiago. 

Iglesia de Ouces - Tatín. "(...) Pocas tardes después hallábase Carmiña, según su costumbre de todos los sábados, arreglando el altar de la Dolorosa en la iglesita de Tatín, mientras la criada que iba con ella charlaba en el atrio con unas mujeres de la Lagoa, cuando Toña, que salió de la sacristía de disponer las proclamas de su sobrina Eufemia, saludó a la señorita con aquel su hablar zalamero."

 

Matías Membiela-Pollán

Foto
La Casa de la Troya The House of Troy La Maison de la Rue de Troie La Casa de la Troya Edición Centenario
OBRA PREMIADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
Edición de Lucindo-Javier Membiela
Ilustraciones de Cristina Figueroa