ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN
compostela

ARTES Y OFICIOS

28 de diciembre de 2018

Se inauguró en 1888, con la presencia de Montero Ríos. En la actualidad hay un excelente estudio sobre esta escuela, hoy situada en la Virgen de la Cerca y denominada del Mestre Mateo, que fue pergeñado y publicado en 1988 por los profesores Pereira y Sousa.

El concepto de oficio no tenía la carga despectiva que después alcanzó cuando la alfabetización señoritil se deseo imponer sobre la manual; «juego de manos, juego de villanos».

La sociedad compostelana era estamental, casi y sin casi de castas; bien que muy humana debido al carácter gallego. La de oficio (ocupaciones viles) y la de «las visitas», la de la Iglesia (ocupaciones caballerescas), la del jardín, la de las sociedades, las rúas y las plazas, estaba muy jerarquizada.

En el tiempo de La Casa el oficio no era arte y viceversa.

En el oficio primaba lo material, la obra troncal.

En el arte, por el contrario, se apreciaba la voluta inspirada y el buen acabado. Un trabajador que poseyera el arte de la declamación, «el arte de la cátedra» se escribe en la novela, de la fabricación de embutidos, los sonoros boliches y las gaseosas, del curtido del cuero o de la yesería o carpintería, era «el jefe» o «el encargado» como se decía en aquel tiempo. Porque tenía el laboreo cuadrado en su cabeza y sabía cómo resolver los problemas de fabricación y acabado que fueran surgiendo; consiguiendo unos productos las veces un tanto pompier que figuraban por su mayor afectación o "arte".

En España y en la Galicia de Compostela de finales del XIX, el tiempo constante y medido dejaba atrás cada vez mayores intervalos del mismo; y de una forma arrítmica muchas cuestiones se abrían y otras, ya vividas y secas, iban encontrando su acomodo en los renglones de la historia. Los pensadores y -menos que menos- los políticos llegaron a la conclusión que aquel gap sólo se podría salvar acelerando el aprendizaje y la importación de buenos artesanos de la loza, del cuero y metalúrgicos: Wonenburger, Wirtz, Cordonier, Moletzun, los tecedeiros Urgorri, los curtidores como Harguindey, los relojeros como Bailly y Valenciano, los Tejero, los comerciantes Marchessi, los hospederos Mengotti, los Chicharro, Elduayen, los Arias, los salazoneros (fomentadores) cual Massó, los agentes franceses como Poncet, los Maristany, los Meillet, los propietarios Gonzalones, Raschel, los Zincke… Y los dedicados al arte de la banca y el comercio del ultramarino en el que nuestra amada Compostela, que era el centro de Galicia, fue una potencia. En estos sectores los Sáenz y los De la Riva, los Moreno, los Artime y los Pérez, los García y los Nieto son algunas de las familias cameranas, provenientes de la Rioja y en algún caso de Orense, que más destacaron.

La falla del hierro y el carbón hizo imposible la creación de una industria de peso y a su consecuencia de una economía sobranceira... Con alguna exclusión de tono menor como era la de las fundiciones villegas, que obraban campanas, cabezales, fouces y las pequeñas herramientas del ajuar rural o urbano, la que trató de levantar Ibáñez en la que impuso la loza y los potes, los carpinteros de ribera... etc.

Desde otro punto de vista, algunos oficios u artes eran temporales y procedían de lugares muy precisos. Valga que los portugueses eran unos excelentes picapedreros y que los importadores de vinos de Levante y aguardientes y los técnicos y los asentadores de la pesca de la sardina eran catalanes. Don Alejandro se desvivía por el tentempié de las doce de la mañana, en que bebía una copita de vino dulce y tomaba una o dos galletas; y el más bravo y circunstancial de la una en que en El Burgo o en la Casa Carnicero de El Pasaje saboreaba unos berberechos; o sentado bajo la parra y frente por frente al sol de mediodia y el aureo olor a mar de la ría de Sada-Betanzos-Ares, en aquel que fue el sigo XIX, trasegaba con fruición una o dos sardinas de salazón y algún «neto do bo e fresquiño viño branco de Betanzos».

Los ebanistas trabajaban de continuo para la Universidad. Una exempla post-troyana es el salón del Casino de Caballeros.

 

La Escuela de Artes y Oficios fue heredera de la de los caballeretes de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, de la Agrícola de Coruña según el profesor Martínez-Barbeito y en general de las diversas Sociedades Económicas de Amigos del País que poblaron las tierras hispanas.

Aun cuando en algún periódico se afirmó que la concesión de la Escuela de Artes y Oficios se hizo con el solo propósito de contentar al vecindario santiagués, ésta recibió una buena merced, escasa de presupuesto, que se proponía según la filosofía imperante, …promover la mejora y adelantamiento de las operaciones industriales, tanto en las artes y oficios como en la agricultura…, vulgarizar la ciencia y sus aplicaciones…, dar la instrucción conveniente al artesano, formar operarios entendidos, maestros de taller, contramaestres de fábrica, maquinistas y capateces… 

Las asignaturas tenían un título neutro: Aritmética, Dibujo, Física y Química, Modelado y Vaciado pero en ellas estaban matriculados oficios tan diversos de origen como el de los cerrajeros, albañiles, pintores, armeros, tapiceros, doradores, dependientes, tallistas, sombrereros, tejedores, alfareros y tundidores y otros obreros y artesanos; y artistas.  

Lugín elude el ambiente plástico del diletante, del parsimonioso:

con la sola exclusión de las feminas y señoritas sobre las aue se permite unas literaturizadas referencias a su aprendizaje en música, pintura -de medio tono- y corte y confección;

y alguna escasa referencia al ajuar casero del domicilio de don Ventura y al que orna el Casino de Caballeros.

Su formación literaria, en su sentido más estrictamente universitario, no le permitía incidir en el arte plástico y el aplicado…, pero sí mostrar su admiración en las tertulias de cafe por todo lo bizantino (?), «el arte-arte, en el vestir» y el gran adorno teatral en las bovedas de los teatros y palacetes.

Lo que no es óbice para que al cabo del tiempo muchos de los escolares y amigos ya licenciados escribieran algún ensayo sobre el arte, y otros se entraran al delirante gremio de los aficionados a las antigüedades y al "todo colección".

 

Lucindo-Javier Membiela

Matias Membiela Pollan

 

* Querubines jugando, cantando y leyendo bienaventuranzas. Parte media de un gran panel de yeso y alto relieve arrumbado en el taller de un ebanista compostelano; Fotografía: Matias Membiela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto
La Casa de la Troya The House of Troy La Maison de la Rue de Troie La Casa de la Troya Edición Centenario
OBRA PREMIADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
Edición de Lucindo-Javier Membiela
Ilustraciones de Cristina Figueroa