ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN
compostela

CORUÑA

27 de febrero de 2017

Lugín hace una descripción esquemática de una de las ciudades más hermosas y acogedoras del norte de España, en el siglo XIX, y que fue arrasada por las hordas alleas a partir de los años sesenta del siglo XX. En lo escrito por don Alejandro hay unas lagunas inverosímiles como son la Calle Real, la naciente plaza de María Pita, la Ciudad Vieja y demás. Lo cual no es óbice para que el madrileño estimara a la capital gallega como la ciudad bellísima que fue; cuando se mostraba como la capital de la Galicia popular y provinciana.

En la novela se cita la soleada calle de San Andrés al modo de las guías que deseaban mostrar una villa moderna: «la calle de San Andrés y su paralela la calle del Orzán destacan por su longitud y establecimientos fabriles […]»

La realidad es que la rúa de San Andrés era colorista y muy pictoresca.

Estaba mal alineada y en su centro se erguían los restos de la capilla de los Mareantes, el Café Noroeste que era uno de los más visitados de la ciudad, y en un rápido rebumbio: los estudios de fotografía; zapaterías, camiserías, los ultramarinos como el de Claudio San Martín que llegaría bien lejos, las casas de huéspedes; las clases de música y corte para señoritas o para modistillas; las clases de contabilidad que impartía un oficial de los fondos de la provincia,..

Tambien había:

almacenes de grano y de paja;

de cebada de Castilla y de harina de todas las procedencias, que llegaban por tren desde León-Castilla, a lomos de mulos de alto porte de Bergantiños, o en cabotaje desde Santander;

pequeños colegios y escuelas para párvulos o pupilos en los que se aprendía lectura, doctrina cristiana y aritmética, y en los que «se obliga que los niños acudan decentemente vestidos»;

la sucursal del Bazar del Siglo XIX que vendía muebles franceses, ingleses y de ebanistería [sic];

fondas;

cajas de ahorro;

prestamistas;

fuentes;

tiendas de estampas decorativas y marcos para cuadros;

más bazares y ultramarinos;

pesebres y cuadras en la paralela vía del Orzan y en Cordolería;

y el aire húmedo y salino que procedía sin barrera alguna del atlántico norte o, más templado, desde la sosegada bahía.

Por lo demás la ciudad urbana se tramaba, en su interior y exterior, con una feraz campiña que describe en su novela La Tribuna la escritora doña Emilia Pardo Bazan. 

Otras referencias de Lugín en las que se incluyen: «la imponente majestad del Océano, las galerías de la Marina refulgiendo al sol, la Torre de Hércules que se alza casi en el mar como una esperanza o un adiós, el castillo solitario en la ría...», recuerdan la escritura de Amado Nervo y Ricardo de León.

La ciudad de Coruña, sus incidentes y accidentes, diferencias, similitudes y peculiaridades con otras villas del cantabrico y del siglo XIX y principios del XX se muestran in extenso a lo largo y ancho de las glosas que componen la sección del "Libro Mayor de La Casa de la Troya"; por editar.

 

Lucindo-Javier Membiela

Matias Membiela Pollan 

 

Coruña.

Lugín, Gerardo Roquer en su función de Perez-Lugín y autor de La Casa de la Troya, Valle-Inclan, Azorín, Huntington, Beruete, Sorolla, Cersa, Brocos, apreciaron el singular encanto de las villas gallegas que según el dictamen de un alcalde recio y actual  «hoy (por hoy), no las conoce ni su madre» (sic); hoy ( por hoy), no las conoce ni su preocupada, buena, serena, guapa y santa madre (sic).

 

 

 

Foto
The House of Troy
OBRA PREMIADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
Edición de Lucindo-Javier Membiela
Ilustraciones de Cristina Figueroa