ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN
compostela

EL BURGO

13 de febrero de 2017

La villa de El Burgo que para algunos investigadores fue el asentamiento histórico de Coruña se hallaba en un lugar hermosísimo tanto por su paisaje como por la tramoya formada por sus hermosas casas de labranza y de pescadores y sus bellas y escasas quintas de placer. Tanto por su serena campiña y entrañable ría como por la cultura del marisqueo y de la pesca, del labradío y el pastoreo.

Era un idilio entre el hombre y la tierra que adoleció debido a la falta de interés que en el XIX le mostró el presupuesto español.

Aquella hermosa y feraz Galicia asombraba al viajero ilustrado.

Fallaron los políticos y los administradores.   

El Burgo era un lugar de obligado paso pues se encontraba en el camino que conducía a Betanzos, a Lugo y a Castilla; recuerde el lector que el el puente del Pasaje fue construido en ls ultimos años del siglo XIX, precisamente el la embocadura de la ria, casi a la altura del pueblecito del Pasaje -en barca-,..., de donde toma el nombre.

La villa tenía un apeadero de ferrocarril y era uno de los lugares preferidos para los excursionistas que paraban en sus mesones a degustar la rica agua de la fuente, los berberechos, las almejas al natural y las ostras. Un viajero americano del XVIII-XIX consignó que eran diferentes a las de la costa este de los Estados Unidos. ¿Se habrá equivocado aquel buen transeúnte y habrá tomado por ostras las que eran las enormes almejas del XIX?

El lugar en que nos encontramos era muy animado. Su romería era muy frecuentada y además era la antesala de Coruña. En aquel final de siglo, los próceres deseaban que desde este punto se hiciera la bifurcación del ferrocarril que uniera Compostela con Coruña-Ferrol. Mas a la espera de ello y para los trenes provenientes de Madrid, en su lugar y firmes, las fuerzas vivas de Coruña recibían a los visitantes ilustres subiéndose en este lugar al ferrocarril que los traía y haciendo con ellos su entrada triunfal en la ciudad herculina.

Por lo demás, El Burgo poseía unos agraciados campones donde los gitanos vivaqueaban, partían a comerciar con sus banastas, trampeaban los patos silvestres y las avutardas, echaban la buenaventura y por la noche perforaban la puerta de la cuadra de la venta sin que el dueño y los huéspedes se enteraran, robando las gallinas y respetando los gallos; lo que es una inclinación gitana bien singular.

Uno de los grandes amigos de Lugín, el periodista don Alejandro Barreiro al que me refiero en otros epígrafes, adoptó el seudónimo Santiago del Burgo; tanto en honor de aquella Compostela en la que vivió como en honor a la villa de El Burgo, por donde pasa uno de los caminos jacobeos y se asienta una "iglesiña adicada o noso Patron Sant-Iago". 

En fin, esta villa fue uno de los lugares de veraneo de nuestro admirado autor y la que recogió su último suspiro cuando falleció en 1926 después de tornar desde su Andalucía y su querido Madrid y haber ganado el Jubileo en su amado  Santiago.

 

Lucindo-Javier Membiela

Matias Membiela Pollán

 

Puente del Temple en el Burgo. Durante las estancias de Lugín en El Burgo, este paso, buen atajo, era de gran utilidad.

 

 

Foto
The House of Troy
OBRA PREMIADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
Edición de Lucindo-Javier Membiela
Ilustraciones de Cristina Figueroa