ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN
compostela

ESTADOS UNIDOS

25 de diciembre de 2019

A finales del siglo XIX, la joven influencia de los Estados Unidos de América, solapada con la que provenía de Inglaterra, los Países Bajos y Francia, ya se comenzaba a sentir. La lengua, el baile y la música empezaban a perder el rumbo. Y así, las penúltimas boqueadas regionales y folks, serían sepultadas a causa de esta pulsión y también de las que provenían del Bajo Duero.

Galicia, como nación o región, comenzó una decadencia que aún se mantiene porque gran parte de sus dirigentes no le muestran la menor lealtad.

Veamos algunos términos de nuevo cuño, que se empleaban sin ninguna consideración en los periódicos de la época, en los cafés de los estudiantes, en los talleres de las modistillas y en el paseo de la Alameda. Por su gracia o gracias a ellos el español de Cervantes y la lengua gallega perdieron un poco más de sentido.

El de la high life, tal como se escribió por el tiempo de nuestra obra y que se dice en novelas anteriores a la de Lugín.

El del confort, que era un concepto desconocido. El mal asiento, los catarros y la gastroenteritis se entendían como naturales y la enfermedad consiguiente un designio de dios que había que aguantar. El primer país que conoció el confort fue Holanda, pero tuvieron que pasar varios siglos antes de que llegara a España.

El del sport, que era una diversión desconocida. El populus compostelano se divertía con las pedreas, la mariola, el gua, hacía esgrima y jugaba al frontón que existía en casi todas las ciudades españolas, a la herradura, llave, la rana, los bolos y a los toros. Hacía deporte porque sudaba, pero ellos no lo sabían. Los troyanos lo empezaron a comprender cuando trabajaron la polea sublime o marchaban en biciclo o en triciclo hasta Vigo; bajo el patrocinio del Círculo o el Casino.

El de Le Mode; que era una referencia, un deseo. Otra cosa era tener el dinero suficiente para estar a punto, de punta en blanco, en cada actividad, en cada día, a cada hora y en cada fiesta. En cualquier caso Lugín se muestra muy al tanto de esta actividad porque en su novela las damas y los caballeros se visten y desvisten con cierta frecuencia y los sombreros y las chisteras y los gabanes y las capas son unos objetos de ajuar que aparecen en casi todas las páginas. En esta línea don Alejandro incluso cita a dos iconos de la moda masculina: el histórico caballero Brummel y el Duque de Tamames; que junto al Duque de Alba fueron unos hidalgos bien lucidos. Unos porteadores de arreos, camisas, camisolas, botas y botines, ropas al desgaire y una carga de complementos que envidiaba por activa y por pasiva el dulce marido de la Pardo Bazán. Las crónicas de sociedad, ayer llamadas de salón, tenían y tuvieron sus propios jardineros de pluma y tinta; en Madrid, Montecristo, Kasabal y Almaviva, y en Compostela el bueno de Tafall.

Escribe Lugín: «Sí que lo fue el baile que el Casino de Caballeros de la ciudad de Santiago de Compostela dio la noche de tal sábado 2 de febrero, día de la Purificación de Nuestra Señora. “Desde muy temprano —según relataba Tafall al siguiente día en los Ecos de Sociedad de la Gaceta de Galicia— numerosísima, brillantísima y selectísima concurrencia, entre la que destacaban, parisinamente ataviadas, bellísimas y elegantísimas damas que son el encanto y orgullo de esta ciudad, rayos de sol estival en los tenebrosos días de nuestro pluvioso invierno, discurría por el amplio salón amarillo del aristocrático Casino de la Rúa del Villar...”».

 

Lucindo-Javier Membiela

Matías Membiela-Pollán

Foto
La Casa de la Troya The House of Troy La Maison de la Rue de Troie La Casa de la Troya Edición Centenario
OBRA PREMIADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
Edición de Lucindo-Javier Membiela
Ilustraciones de Cristina Figueroa