ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN
compostela

Santiago de Compostela

SANTIAGO, ROMA, JERUSALÉN

—SANTIAGO DE COMPOSTELA—

Al paso de un peregrino por delante de mi ventana

Era apacible el día / y templado el ambiente / y llovía, llovía / callada y mansamente. / Y, mientras silenciosa / lloraba yo y gemía / mi niño, tierna rosa, / durmiendo se moría.

Rosalía de Castro,

Versión de Lucindo-Javier de Membiela

¡Volved!

Bien sabe el Apóstol que siempre le arrancan tristes lagrimas / aquellos que le dejan; / pero aún mas le duelen / los que a volver se niegan. / ¡Partid..., y que Dios os guíe!, pobres peregrinos. / Partid, llenos de aliento hacia otras tierras / pero..., volved a la madre Compostela que no os olvida, / al eterno hogar que desesperado os llama. / Volved, que os aseguro / que al pie de cada casa y de cada fuente / de linfa transparente / donde se reflejó vuestro semblante / y en cada viejo muro / que os prestó su sombra, / y en el soto, en el monte, en el prado, en la seca y en el camino y en la rúa, / habrá, siempre habrá, una golondrina que al tornar a su nido y ver la plaza desierta pregunte, / ―¿Es que todos han muerto? / ―Partieron... / —¿Hasta cuándo?... / ¡Qué soledad, Dios mío!... / ¡Volved!, ¡Venid!, ¡Volved a Compostela!

 Rosalía de Castro,

Versión de Lucindo-Javier de Membiela

La Plaza de la Quintana. Dibujo de Sally Cutting y Fernández del Castillo para la edición Seis Poemas Galegos de Federico García Lorca con introducción de Francisco Umbral (Camiño do Faro, 2004).

Santiago es una ciudad levítica, secular, pétrea, que hunde sus raíces en las rúas donde se obraban las Biblias Celtas y en los albergues donde se guarecían los caballeros recios que se ornaban con albos celajes, amplias capas bañadas en lapislázuli, y ropa talar entintada en gualda y rojo sangre de pichón a la par que sus pajes y lanceros hacían la noche al calor del hogar protegiendo los pendones de Santa María, el del escudo de su señor, el del color de su Casa, y los que pintan la Cruz del Salvador de Oviedo y la roja Cruz de Borgoña. Siempre prestos a la orden de su Santo Patrón Santiago, a la del Papa de Roma y a la defensa de la Iglesia, de sus hermanos, de los peregrinos y las doncellas que lo necesitasen. 

Santiago se ocultó en sí mismo, en un arca pétrea, en un bosque mágico, el Libredón, hasta que su tiempo fue llegado. En ese momento resurgió con un son y un esplendor que paso a paso se hizo tan brioso, apostólico y sapiencial que hasta el mismo Papa de Roma se asustó; tratando al arzobispo Fonseca como a su igual y concediendo la honra de portar la mitra obispal a los canónigos de la Santa Iglesia Catedral. Mas la ciudad de Santiago se humilló. No deseaba tanto honor y se deseo abajo. El Papa de Roma así lo entendió, así la disculpó, pero la mantuvo a su nivel, el del Vaticano y Jerusalén.

Paso el tiempo, ¡los peregrinos no volvieron! y Santiago en los libros desapareció. Allí se guardó. Allí se ocultó. ¡Hasta qué punto, Dios mío!, porque por sus calles y entremurallas, en los pazos y palacios de las Algalias sólo habitaba el lloro y se oía la tos. Los cuartos ya no alojaban a los hombres. Sólo las matas, las violetas, el sarmiento, la jara a la puerta y el gran bosque que entraba por los balcones y las ventanas y derribaba sus grandes chimeneas daban algún refugio a los animalillos y a los pájaros.

Peregrinos en la escalinata de la Catedral. Colección Carlos Martínez-Barbeito.

Aquella luz, cabo de vela, que de mano en mano se pasaron los lenguaraces pro lingua germanica et hungarica y que estuvo a punto de extinguirse debido a las guerras, la peste, la hiedra que ahoga, el hambre y el frío, un día se alzó. El abade Gurdiel la hizó como un faro y los hombres y las mujeres y los jóvenes y los niños y las niñas, y el comercio y los estudios y el canto a la capela y el son de armonio volvieron a doblar.

Hoy es el día por el que no han pasado veinte años en el que, en tiempos del arzobispo Rouco Varela y en el de la visita de Juan Pablo II y gracias al inspirado impulso del párroco Elias Valiña, en la grande y maravillosa Via Lactea, y de Fembiella en el parco Camiño do Faro se renovó la llamada a una nueva peregrinación; que dará como resultado la recristianización de Occidente.

Me ceñiré al Santiago de La Casa de la Troya, dando por supuesto que la Compostela que hoy conocemos es el resultado de la ilusión, el sudor, la duda y el trabajo de los hombres que la habitaron en los siglos XVIII y XIX.

Para ello escribo tres apartes informativos que designo por los nombres de Orografía de Santiago, Plano de Santiago, Santiago de Compostela y Santiago de Compostela, el escenario.

Orografía de Santiago.

Su radio es aproximadamente el de una legua.

El norte esta protegido por una cordillera de montañas.

Al este se eleva un monte solitario llamado Pico Sacro y también el monte del Viso, y al sur las alturas de Montouto, Conjo y Humilladoiro.

Santiago esta ceñido por las aguas del río Sar que corre de norte al suroeste y por el Sarela que sigue desde el norte hacia el Sur.

Plano de santiago.

 


 

Plano de la ciudad de Santiago de Compostela. Grabado por el orfebre compostelano, de origen teutón, Mayer; ca. 1888.

 El plano de referencia de Santiago que Camiño do Faro ha elegido para centrar La Casa de la Troya es el de 1889. Fue grabado por Mayer, que perteneció a una conocida estirpe alemana de plateros y azabacheros compostelanos, y fue mandado imprimir por Lisardo Barreiro de Vázquez-Varela que fue el fundador de Galicia Diplomática y será uno de los promotores de la Asociación de Tipógrafos junto con: Joaquín Díaz de Rábago; José María Paredes de la Imprenta Paredes que tuvo su comercio en la esquina de la rúa de las Trompas debajo del balcón de las señoritas de Caldo Limpio; Manuel Molinos; Alfredo Brañas; Jesús Fernández Suárez y los directores de La Gaceta de Galicia, El Pensamiento Galaico y El País Gallego.

Este elenco que estaba formado por personas muy conocidas hizo una buena labor.

Santiago de Compostela.

Está situado en la región gallega, al noroeste de España, a 42º52’30’’ de latitud y 4º48’15’’ de longitud, sobre una colina a 260 metros sobre el nivel del mar, declinando hacia el Sur.

Es el centro de una comarca muy lluviosa con una tierra muy feraz que está bañada por los ríos Sar y Sarela y circundada por los montes de Vite y la Almáciga al Norte, el Monte del Gozo y San Marcos, Amenal y Viso (Visco) al Este, Santa Marina y Milladoiro al Sur, y el Pedroso, de 370 metros de altitud al Oeste.

Su población en 1886 era de 24.921 almas.

Según un conteo, estadística se decía,  de sube y baja que las veces recoge lo que hay sólo en la ciudad, o en la ciudad y el alfoz, o en la diócesis, en el tiempo de La Casa de la Troya la ciudad compostelana tenía: ciento diecisiete calles, trece callejuelas, ocho corredores, diecisiete campillos y cantones, quince calzadas y travesías, veinte plazas y plazuelas, ochenta lugares, cuarenta y siete cruceros, treinta y tres fuentes, cuarenta y seis templos, setenta y dos capillas de patronato, veintitrés cúpulas, cincuenta y tres torres, treinta y dos cofradías, cinco sociedades de socorros, doce tenerías, pompa de culto, trescientas cincuenta y ocho solemnidades, un gasto anual de 1.000.000 de pesetas y un presupuesto municipal 801.251,35 pesetas.

En la Diócesis, la estadística de los edificios, las autoridades y los parroquianos adjuntos se hacía a rebumbio. Los contadores y profesionales del evento eran muy apreciados hasta el punto de que entre sus filas se puede nombrar a Alfonso Rodríguez Castelao. Algún inspirado vate de las cifras que por vivir en el XIX no sabía de categorizaciones nos dice que en la Diócesis primaban: la Metropolitana, treinta y seis arciprestazgos, tres vicarios, mil doscientos veinte iglesias parroquiales, novecientos setenta y dos pueblos, cuarenta conventos y seiscientos mil habitantes.

Claustro de Fonseca en la actualidad. Hoy es la Biblioteca General de la Universidad de Santiago. En este edificio, antiguo pazo de los Fonseca y Estudio Mayor, concluyó su carrera de Medicina el bueno de Panduriño.

Compostela era el centro Universitario de Galicia, con una población escolar de 2.531 alumnos. Tenía Audiencia de lo Criminal con siete juzgados. Y era Partido Judicial con cinco ayuntamientos y una población de 48.000 habitantes. Además poseía una Administración de Rentas y de Loterías; Universidad Literaria, bien que sirva como anécdota que en un libro que manejo y que está editado en la Cuba del XIX se le llama Universidad de Coruña; Bibliotecas; Escuela de Veterinaria; Museo Arqueológico y Colegio de Ciegos y Sordo-Mudos...; según varias guías entre las que ahora destaco, La Guía del Viajero de Álvarez de la Braña, editada en 1885.

Santiago de Compostela, el escenario.

En la época de La Casa de la Troya Compostela tenía alrededor de una docena de parroquias y doce barrios administrativos.

Las casas, en el centro de la ciudad, eran de piedra sillar en lo que toca al bajo y el primer piso.

La fisonomía de Compostela, desde que Cosme de Médicis dio su nueva en el siglo XVII, varió tanto en cantidad como en calidad. El italiano la describió como una villa con casucas de madera; al persistente modo de York. 

La ciudad que hoy conocemos es el resultado del paso a paso de una villa que llegó a rica por la gracia de las plusvalías de los siglos XVIII y XIX, la llegada del maíz y la patata, la mejora en los medios de transporte y el capital generado por el comercio y la trata de negros.

El sobrebautizo de las villas y ciudades fue muy común en el siglo XIX. Recordaré que Clarín bautiza a la bella Oviedo con el nombre de Vetusta y la Pardo llama Marineda a Coruña. En los apuntes del canónigo oculto de la colegiata del Sar se la apela con el alcume la Levítica; bien que comprendo que al día de hoy se han eliminado todos los árboles, florestas y hiedras de color que convivían con su piedra.

El escenario compostelano se fijó en el XIX y así se mantiene desde entonces gracias a: la falta de unos traumáticos avances económicos que la modificaran radicalmente, el pausado andar de la Iglesia y de la Universidad que son siempre lentas en su quehacer, y a la falta de unos maestros de obras, arquitectos, que se crean tal como unos nuevos Leonardos que viven en un cómic del siglo XXI.

En lo que atañe a La Casa, cuyo autor es un madrileño-coruñes-sadense-santiagués-sevillano-rondeño, dos de las novelas que la anteceden fueron escritas por un santiagués y una coruñesa-santiaguesa; La Muceta Roja por Rodríguez Carracido y Pascual López por la Pardo Bazán.

Pascual López. Novela de doña Emilia Pardo Bazán que como La Muceta Roja de R. Carracido y El Último Estudiante de Armada y Losada guarda diversas concomitancias con La Casa de la Troya.

Otros literatos que utilizaron este escenario universal fueron: Gerardo Diego, Salvador García–Bodaño, García Martí, Carlos G. Reigosa, Torrente Ballester, García Lorca —con Seis Poemas Galegos editado por Camiño do Faro con prólogo de don Francisco Umbral, Unamuno, Valle-Inclán, Cunqueiro, Cela, Murguía, Dámaso Alonso, Fernández Flórez, Camilo José Cela, Alfredo Conde, Rosalía de Castro, Azorín, Castelar, Otero Pedrayo, Filgueira Valverde, Cunqueiro, Castroviejo, Borrow y tantos otros.

En cualquier caso el Santiago de aquel tiempo se consideraba, «melancólico y escaso de atracciones», como escribe Lugín.

Falso.

En cualquier caso el Santiago de aquel tiempo se consideraba..., camino de los frailes y los muertos, siempre vacía y misteriosa siempre..., como escribe Rosalía de Castro.

¿Falso?

Vaya desde aquí el aserto de que Compostela era y es un lugar amable y mágico, donde el espíritu de Santiago mora y al que Dios Nuestro Señor bendice con amorosa mano. Un lugar. Una villa en medio del bosque. Uno de los cotos más entrañables y deleitosos del mundo, en el que se conjuga la monumentalidad con el humanismo, el misterio y la magia sonriente con la eufonía juvenil, y la fraternidad de la gente de la labranza con la espiritualidad de los caminantes que se allegan de verdad a su santo Patrón Santiago.

Hace años el escenario de Santiago también era el de su alfoz, rural: Ponte Pedriña, el Sar, la Estación de Cornes, San Lorenzo, Conjo, San Lázaro y en lo más lejano: Padrón, Muros, Sigüeiro, La Estrada, Foz, Ribadeo, Lugo, Monforte, Pontevedra, Tuy, Orense, Celanova, el valle de Barcia según escribe Lugin: «[…] viendo desarrollarse el divino paisaje [...] el regalo del valle de Barcia, dominado en toda su hermosura por la carretera que se devana montaña arriba en caprichosos zig-zags retardando [...]».

Tuy. De esta ilustre villa procedían varios estudiantes de la época de La Casa. Entre ellos, Casimiro Barcala, en la realidad el futuro literato, amigo de Picasso y de Valle Inclan, y consul en Casablanca, don Camilo Bargisela.

Hoy, Santiago de Compostela es un centro de atracción heterogéneo que tanto da servicio a los habitantes de Galicia que se acercan a la villa como a la gente del resto del mundo. El escenario ha cambiado. Ha perdido quietismo pero no pietismo.

Los servicios que se prestan no la diferencian de Venecia, Edimburgo, Roma, el Mont Saint-Michel y el mismo zoco del Cairo...  Pero por su atmósfera vuela el alegre son de sus campanas, el de las chirimías, el de la soledad, el de la oración y el siempre íntimo Loor al Amigo, a Santiago, Loor al Santo Adalid.

The House of Troy
OBRA PREMIADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
Edición de Lucindo-Javier Membiela
Ilustraciones de Cristina Figueroa